domingo, 2 de enero de 2011

MIS SOLILOQUIOS Y EL ISLAM








Andaba yo, el otro día de payés, con mis soliloquios, por esos mundos subterráneos del subsuelo mallorquín, cuando observé que la pareja que iba delante de mí en la escalera mecánica se exclamaba, por señas, sobre una pobre mujer que luchaba a tirones por alargarse la falda, en ella todo era voluptuosidad, cuando un tirón le bajaba la exigua falda, también le bajaba el escote y ese tirón ponía al descubierto un tatuaje terrorífico que hacía languidecer al baboso Alien de la famosa película.
Hoy me ha llegado a las manos un ejemplar del diario Magazine que con todo el cuidado que le permite el tema, presenta documentos fotográficos bajo el título “La voz que tapa el velo” el texto es de Isabel Ramos Rioja y las fotos son de Roser Vilallonga, con mucho cuidado digo, para que no se ofendan las instancias, estas buenas mujeres, esgrimen las páginas del diario para, en un inocente reportaje, permitir que la opinión de varias señoras del islam se expresen a favor de las diferentes formas de taparse y sus ventajas.
En mis soliloquios razonaba ...¿Donde está la diferencia entre la chica del metro, esa pobrecita que para llamar la atención se acorta y tatúa como el trapo de un afilador y las damas de negro que encuentran con mas facilidad marido si van tapadas, que solo muestran sus formas cuando un rico hacendado pide a su padre permiso para observar sus encantos, que han dejado los estudios pero no trabajan ni hacen nada por el prójimo? ¿Por que ellas van tapadas y ellos van vestidos a la europea? ¿Donde está la chilaba?
En mis soliloquios me di de bruces con la parejita que llevaba delante y que se escandalizaba con justicia por el aspecto de la pobre mujer “tirón”, observé que él vestía un pantalón vaquero con camisa a cuadros, sandalias de cuero marrón que hacían conjunto con unos pies musculosos y morenos, ella una falda marrón por las rodillas una blusa blanca sin mangas que le permitía mostrar sus brazos tostados por el ya fuerte sol del veranito y zapatos de medio tacón con tiras de cuero que igualmente, dejaban entrever unos pies limpios y cuidados. Los felicité por su forma modesta de vestir, cosa extraña a esa edad.
En mis soliloquios deduje que en los dos casos anteriores no hay diferencia, una llama la atención con sus trapos cortos y las otras, mas inteligentes, llaman la atención con sus trapos largos.
También en mis soliloquios pude ver en retrospectiva a las grandes damas de la belleza hebreo-islámica y estas no iban tapadas, Sara de la que se enamoraron dos reyes, Faraón de Egipto y Abimélec rey de Guerar y que Abraham tuvo que recurrir a estrategias dialécticas para que al verla no lo mataran para quedarse con la belleza de su esposa-hermana y Agar la escalva, madre de Ismael, el padre del Islam como esclava tampoco iba tapada.
También en mis soliloquios me preguntaba ¿por que en la Meca no se permite llevar la cara y las manos tapadas? Y nadie me contestaba, claro hablaba solo... también en mis soliloquios me preguntaba ¿Por que en el Corán solo hay tres directrices sobre el vestir de las mujeres, que vistan correctamente, que se cubran el pecho y que alarguen sus ropas, nada mas.
Cuando cobré conciencia de donde estaba me había pasado de estación, el revisor me miraba con semblante severo y es que me había pillado hablando solo.
                            
   ¡Estos malditos soliloquios!